Santiago, 16 de octubre de 2009.
Estimados y queridos educadores, profesores, docentes, maestros:
Difícil es, escribir en esta pequeña carta, todo lo que pensamos en estos momentos por ustedes. La sensación de saber y comprender que, personas tan cercanas y pacientes con nosotros, festejen hoy su día de celebración.
Pues, más que celebrar, durante este período, ustedes nos han dado una gran lección de hacer valer nuestros derechos, lo que a pesar de todas las energías comprometidas, nos lleva a mirar con resignación cómo los colegios supuestamente públicos (municipalizados) ahora serán semi-privados.
No somos partidarios de días conmemorativos, pues creemos firmemente que el acto de agradecer y conmemorar debe ser constante y presente en cada hecho rutinario; mas, hemos decidido aprovechar esta oportunidad para dedicar algunas palabras a quienes son tan importantes en nuestra cotidiana vida, con el realce de valores que nos habrán de formar como personas íntegras en la sociedad: nuestros profesores.
Conocemos perfectamente la sacrificada labor del profesor, conocemos sus sufrimientos y decepciones diarias que tienen, como también sus alegrías, producto del mismo hecho de ser maestros. Su labor es única, porque la educación es la única herramienta que puede logar la igualdad entre los humanos, y el conocimiento es el que permite el progreso de los pueblos. Sabemos, entonces, a través de la experiencia que significa ver su labor diaria, la honradísima y sacrificada decisión que tomaron al decidir ser pedagogos, docentes educadores de cientos de generaciones, y que, como tan bien expresara en su oportunidad el filósofo Bertrand Russell, “(Los educadores), más que cualquier otra clase de profesionales, son los guardianes de la civilización”
Sí, los guardianes y protectores, y tan alto objetivo, lo entendemos, es mal retribuido en Chile. La labor docente es de las peores pagadas en el país, sus derechos laborales enquistados en un rígido Estatuto Docente, cada año se desnivela su calidad de enseñanza al quitarle la importancia de su instrucción a las universidades, dejándosele al libre albedrío de institutos profesionales y, peor aún, aquella dificultad se redobla en la Educación Pública; abandonada y, con nefastos proyectos de ley, herida de muerte. Es difícil ser profesor en Chile. Como nunca, ser maestro es símbolo de sacrificio absoluto y sinónimo de falta de oportunidades personales, pero rica veta de oportunidades colectivas.
Por eso, el que ustedes se mantengan en su profesión día a día demuestra que, pese a las decenas de argumentos en contra, el espíritu de ayuda comunitaria los impulsa a entregar de su conocimiento, con paciencia de sabio, a todos nuestros compañeros. Porque sin importar lo que puedan decir, ustedes sí le toman el verdadero peso a la labor del profesor y luchan por restituirle su dignidad, empeñada en quitársele. No importa. Mientras existan profesores, mientras esté presente en cada uno de ellos ese espíritu de entrega y esa voluntad de acción constructiva, empeñada en hacer de nuestros compañeros lo que el lema de nuestro colegio reza, pero más que nada, hombres de bien, entonces esa llama existirá y mantendrá larga vida.
Queremos agradecerles, entonces, aquella voluntad de acción, aquel espíritu comunitario que los impulsó a decidirse por la carrera docente y, más aún, mantenerse en ella. Queremos agradecerles aquel cariño y entrega que ustedes tienen, aquel poderoso sello que imprimen a la carcomida Educación Pública de Chile. Y justamente, permanecer en ella más que en la educación privada significa que ese compromiso se reasume de manera más constante, porque educar en las pésimas condiciones de nuestra Educación Pública, y aún así, creer en ella y creer en sus estudiantes, revela que “podrán arrancar mil flores, pero no detendrán la primavera”.
Esperando que disfruten este día tan especial, se despide...
Centro de Alumnos del Instituto Nacional.
sábado 26 de diciembre de 2009
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