sábado 26 de diciembre de 2009

Discurso Inicio de Actividades Año Escolar 2009

Santiago, miércoles 1º de abril de 2009


Comunidad Institutana:

Hoy, es un día muy especial para cada uno de los presentes. Hoy, es un día de reinicio, de regreso a nuestra chocante realidad, plagada de múltiples sentires, preocupaciones y simbolismos. Ante tan compleja realidad, tomémonos un minuto para la reflexión.

Desde hace ya casi cuatro años los institutanos y, en general, los estudiantes chilenos comenzamos un proceso de movilizaciones, inspirados, en lo que ha de caracterizar a cualquier joven en el mundo. Si bien es cierto, podemos carecer de experiencia para tratar algunos temas, ello históricamente a significado que los jóvenes siempre se adelanten, sin ataduras, a imaginar, pedir o lograr cambiar cosas en sistemas establecidos.

El año recién pasado, el motivo de nuestras movilizaciones internas cambió, para luego de 27 años de abandono por parte de nuestra sostenedora, la municipalidad de santiago, y también de 43 años de una penosa, desgastada y descuidada infraestructura, pudiésemos tener la ayuda de los que hasta ese día permanecían como los irresponsables garantes de nuestra educación.

Los arreglos infraestructurales que hoy vemos, para nosotros mismos son un pequeño avance, comparado con todo lo que hemos pedido, y la nula ayuda por parte del estado a través del municipio y el gobierno.

Mas, no podemos dejar de agradecer a nuestras autoridades, que tan bondadosamente tuvieron a bien cumplir por un instante su deber, y de esa forma además, generar un compromiso para con la educación pública, compromiso que, digámoslo, plasmó la propia presidenta, en la visita inspectiva con medios de comunicación que realizó en febrero, y que, si deseamos el bien de la educación pública nacional, se tendrá que ver reflejado en cada colegio o escuela pública del país, independiente del efecto mediático que pudiese generar, y se tendrá que ver a nivel psicopedagógico, docente, infraestructural, y en todo ámbito que sea imperante en la labor educativa.

Es un desafío importante el que enfrentamos con estos avances de infraestructura, el proceso comprenderá un recambio completo de mobiliario de aquí al final del año, y ello conlleva un compromiso por parte nuestra y de nuestro autocontrol. Tendremos que demostrar que somos estudiantes, que cuidamos lo que tenemos, pues, sabemos empíricamente que lo que no tenemos, no lo tendremos hasta unas décadas más. Habrán sacrificios y urgencias, como el pedido que les hago, con todo respeto, a los cursos de elegir prontamente sus directivas de curso, pues debemos recuperar y hablar temas de contingencia estudiantil internos y externos que se han presentado durante este mes. Además de ello, recordarles, que los trabajos en el colegio continuarán, hasta mediados de Junio, por lo que tendremos una semana de marcha blanca, sin ningún tipo de evaluaciones, por los ruidos a los que estaremos enfrentados, y por la poca organización en la entrega de las guías de vacaciones a los cursos. Aprovechemos estos adelantos al máximo, antes que estén obsoletos los medios físicos y estemos nuevamente pensando sobre el cambio que será necesario en nuestra educación, por la crisis en la que aún estaremos en 20 años más, con el marco legal vigente.

"Fray Camilo Henríquez, haz algo por tu instituto", clamaba nuestra comunidad en 1986, fatídico año en que nuestro colegio pasaría a manos de la municipalidad. Sería el último establecimiento en comenzar a padecer esta agonía. La tapa de la urna que vinieron a sellar ese año, ahora se pudre en lo más profundo de la clase política. En aquellos años, los estudiantes salieron a demostrar su descontento con una "quemazón de cuadernos antiguos y hojas de diario”, que los medios se encargarían de vender a la sociedad como un “delito irracional”, para acallar el clamor contra la municipalización.

Como en aquel entonces, en el presente, nuevamente los estudiantes hemos advertido sobre el rumbo que toma la educación pública, nuevamente hemos luchado por nuestros derechos constitucionales olvidados por todos, nuevamente NO hemos sido escuchados, hemos sido acallados y tergiversados por los medios de comunicación y finalmente hemos sido bandalizados para la sociedad, por clamar por nuestros derechos.

Pero durante el proceso, cometimos un error: no supimos prever la discontinua y parcializada información de los medios, que no documentaron a la sociedad chilena el real cambio que propugnábamos los estudiantes. En pocas palabras, a la sociedad, se nos vendió gato por liebre.

En aquel entonces, nuestra imaginación nos llevó a pensar que algo podíamos hacer, que algo podíamos cambiar. Y tal como en ese entonces, el coraje de los institutanos no ha cambiado, y seguimos luchando y soñando por un Chile distinto.

Entendemos los retrasos y las condiciones en que se encuentra la educación, comparándola, sin ser egocéntricos, con el propio Instituto Nacional, y nos guía el deber que tenemos como estudiantes a la Educación Pública, y que también, según lo que nos han informado ellos mismos, guardan las autoridades políticas cercanas a nuestro colegio. Y, es por esta experiencia que nos otorga el Instituto Nacional, que aprovecha nuestras capacidades al máximo, que podemos notar las inmensas diferencias entre las distintas “educaciones” chilenas, y es que incluso nos permitimos soñar, imaginar el país que queremos, uno en que se respiren los principios de universalidad, gratuidad, pluralismo y laicismo. Pero nuestra pasión e interés por este tema fue más allá. No nos quedamos en ideas vagas que debían concretar los demás encargados.

Nos propusimos pensar cómo queríamos que funcionara la educación de Chile:

Compañeros, hemos imaginado un Chile en que el Estado, después de 28 años de flagrante abandono, se responsabilice de la educación, administrándola y financiándola. Que el Ministerio de Educación se haga cargo del deber que le competió desde su propio nacimiento, y que fue proteger y administrar la educación pública. Que elabore, planifique y, sin olvidar, concretice las políticas educativas nacionales.
Que fiscalice, evalúe y transparente el cumplimiento de los proyectos educativos de las escuelas.
Imaginamos también, que el MINEDUC se ayude de un servicio nacional de educación, con organismos que gestionen los colegios estatales de determinadas zonas geográficas. Soñamos con que se recupere el concepto de “Estado Docente”.

Si el Estado es la comunidad políticamente organizada, entonces es el deber de esta proteger y dirigir directamente la educación nacional. Sólo soñamos con que se cumplan los más intrínsecos deberes que le competen a él, y con el propio Estado, a Chile. Pero tampoco nuestros sueños son copia del pasado. Imaginamos que el Estado esté más abierto a la comunidad educativa y le garantice una participación amplia y democrática junto a todas las instancias, y por ello que ésta decida democráticamente su proyecto educativo, y preparen y administren sus recursos, aumentando y fomentando así, el deseo de nuestra ministra de educación, de que nosotros seamos quienes tomemos las decisiones, pues, como dijo ella, “las comunidades deben autogestionarse”, completa incoherencia con nuestra sostenedora, la municipalidad de Santiago, que por años, NO ha permitido la resolutividad de los consejos escolares, apoyando su postura en la Ley que los establece, que los llenan de atribuciones por sobre las comunidades.

De esta manera Chile asegurará una verdadera educación pública estatal, que por naturaleza afirme la igualdad al derecho de educación a todos sus integrantes sin importar su origen del tipo social, económico, cultural o de cualquier otro, promoviendo la diversidad y la diferencia e inculcando el respeto y la tolerancia, ambos conceptos tan importantes en una sociedad democrática. Retomará y actualizará un deber que concientemente se ha querido olvidar, pero que la sociedad recordará tenazmente, que la población exigirá una y otra vez hasta que las autoridades cumplan su deber y respeten la opinión mayoritaria de la sociedad chilena.

Nosotros, como estudiantes del Instituto Nacional, y más aún, como estudiantes chilenos, hemos reaccionado ante los intentos repetidos de la Alianza y la Concertación, quienes se han arrogado el título, al llegar a un pacto, de denominarlo “acuerdo nacional”, aún cuando ambos conglomerados unidos ni superan el 50% de aprobación, y que por miedo o por cuidar intereses ajenos, han querido implantar una ley sin escuchar la opinión de todos los actores en la educación y de la mayoría de los chilenos (y aún así, insisten, es un “acuerdo nacional”). Pero, no nos olvidemos, aunque hayan aprobado cuántas leyes quieran, no podrán acallar la voz de los estudiantes, ni detener los procesos sociales, pues, no obstante, impongan un marco legal que se vista de seda, LOCE queda.

MUCHAS GRACIAS.