Santiago, Lunes 10 de agosto de 2009
Sr. Pablo Zalaquett, Alcalde de Santiago
Sra. Violeta Castillo, Directora de la DEM Santiago
Sr. Jorge Toro, Rector Sub rogante del Instituto Nacional
Autoridades del colegio, Buenos Días
Y un fraternal saludo a:
Nuestros apoderados institutanos
Nuestros profesores institutanos
Nuestros codocentes institutanos
Y a mis compañeros, estudiantes institutanos:
Reunidos en un nuevo aniversario, nos es necesario reflexionar acerca del rol que ha cumplido el Instituto Nacional en este último tiempo.
Compañeros, Chile cumplirá 200 años, y en esta encrucijada histórica, nos encontramos ad portas de hacer cambios que afectarán a las siguientes generaciones institutanas, y hasta ahora, esas decisiones han sido tomadas de una forma ineficiente.
Nos encontramos con la valiosísima oportunidad de, por fin, levantar nuestro Instituto hacia los objetivos de los que jamás debió alejarse y hacer patente y viva la frase que ha marcado nuestro colegio desde su fundación, dicha en los albores de la Patria, por fray Camilo Henríquez.
Pese a los enconados y empeñosos intentos de hundir nuestro colegio, gracias a las pésimas decisiones políticas que se han tomado, este sigue siendo el Instituto Nacional, y no el Liceo A-0. Es aquella convicción la que nos debe mover y actuar, es el hecho de pensar en que somos la primera institución educacional fundada en la indepedencia de nuestro país, que el próximo año ya cumple dos centurias, y que, tal como dice nuestro frontis, desde 1813 estamos al servicio del país y de la educación pública. Ese pensamiento debe ser llevado a la acción consecuentemente, entonces.
Esta exigencia desde hoy debe ser llevada a la práctica, de una vez por todas, y recobrar el fin que tuvo el Instituto Nacional desde su fundación: el de dar ciudadanos a la patria, que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor, siempre dentro de los márgenes que nos impone nuestra misión inmutable de defender a la Educación Pública, pues la creación del Instituto fue, y permanece en el espíritu de sus estudiantes, un homenaje y un monumento a una concepción comunitaria de la educación pública, siempre vista como un derecho de todos y cada uno de los chilenos, y de recibirla con la misma calidad que puede tenerla cualquier hijo de este país; frases tan disonantes y discordantes de nuestra realidad actual, y no menos brutal, acerca de la visión que se ha impuesto de la educación, como un objeto del mercado, sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, garantizando una absoluta inequidad y reproduciendo las desigualdades sociales de las que Chile, a menos de un año de su bicentenario, aún sufre.
La crisis educacional chilena sigue latente, el estado moribundo en que la han dejado con la nefasta municipalización está a punto de convertirse en peligro de muerte con los proyectos de ley que, sin escuchar el llamado de los actores sociales, los políticos, ya sean de izquierda, centro o derecha, han aprobado; en un verdadero acto de vergüenza nacional.
He ahí la clave de esta vicisitud histórica que vivimos: los institutanos, hijos del ideal carrerino y de la educación pública, estamos llamados en este minuto, en este momento, a salvarla del peligro de muerte que la acecha, debido a la concepción que se impuso en el pasado y no se ha querido cambiar, y peor aún, se empecina la clase política por mantener con proyectos de ley obsoletos y en su estructura fracasados, en donde pretenden traspasar la responsabilidad de los municipios a “corporaciones públicas”, que funcionan bajo el rubro “educación”, y que carecen de parámetros, de directrices generales y de objetivos transversales, y con eso no solucionan de raíz el problema de la educación en Chile, sino que, para desgracia de las futuras generaciones de chilenos, lo mantiene.
Ese renovado compromiso con la educación pública no debe estar, entonces, fundamentado en alianzas con Universidades Privadas que sólo pretenden captar a nuestros compañeros, en especial de los mejores puntajes, para obtener publicidad con ellos y así aumentar sus ingresos que van dirigidos, preferentemente, a sus dueños. Nuestro compromiso con la Educación Pública se debe mantener con las universidades estatales, y más aún, nuestra responsabilidad debe estar con la tan denostada carrera docente. Nuestros profesores, a los que mezquinamente responsabilizan los políticos del fracaso de la educación, saben lo difícil que es la carrera pedagógica, que la política educacional impuesta en los ochenta cercenó y empeoró. Entonces, compañeros, debemos impulsar el cambio nosotros, y por eso hago un llamado a las generaciones de institutanos a ingresar a la carrera docente en una universidad pública y demostrar nuestro compromiso constante con la educación de Chile.
Este año nuevamente le hemos recordado a la clase política nuestra insatisfacción a arreglos superficiales que no solucionan, de forma seria y con una mirada a futuro de país, los problemas sistemáticos y estructurales de la educación. Les hemos dicho que los estudiantes esperamos una educación administrada por el Estado y abriendo espacios entre los actores educativos, en donde ellos puedan tomar decisiones, pues nadie saber mejor los problemas y necesidades de una escuela, que su propia comunidad; por eso hicimos el llamado a tener, por fin, consejos escolares resolutivos, y en el cual, el Estado de Chile pudiera entregar respuestas de administración y financiamiento a través de la reestructuración de su Ministerio de Educación. Ese llamado hemos dado este año, ferozmente atacados por medios de comunicación que mintieron y denigraron la imagen del Instituto Nacional, en situaciones en las que, lamentablemente, participaron directivos de nuestro establecimiento. Los resultados de esta movilización, eso sí, fueron el inicio de un proceso obstaculizado desde el año 2006: la reestructuración de la organización estudiantil a nivel nacional. Todo esto, considerando la conformación de un Congreso Educacional que agrupará las propuestas de todos los actores del sector. Nuevamente los estudiantes seguimos llamando a una educación de calidad para todos, frente a la tenebrosa situación crítica en la que están manteniéndola nuestras autoridades.
Esta crisis, que los estudiantes hemos denunciado, también se encuentra patente en nuestro colegio. Y digo se encuentra, en tiempo presente, porque aún no la hemos superado, pese a la insistencia de querer parecer que todo se encuentra normal. El Instituto Nacional recibió cambios desde el año pasado, pero sigo recordando que no fueron los cambios que se exigieron el 2008 y que bien nos dijo el presidente del Centro de Alumnos de ese entonces, Maximiliano Núñez. Obtuvo arreglos en su infraestructura, gracias a la presión de sus estudiantes, quienes veían como su colegio, producto de la política de municipalización, se encontraba en un deplorable estado de abandono. Mas, aunque recibió estas mejoras gracias a la presión estudiantil, un colegio no se mejora únicamente con ello. De nada sirve maquillar la fracasada educación actual, arreglando 30 colegios de los mas de 5000 que hay en el país, pintando salas mientras se derrumban escuelas, cambiando ampolletas mientras se llueven liceos.
El problema aquí presente, y que seriamente debemos abordar, es de sí vamos correctamente por el fin que se le dio, desde su nacimiento, a nuestra institución. La pregunta es pensar si cumplimos con los fines que debemos tener, y la primera debe ser si, tal y como dice la frase de fray Camilo Henríquez, estamos formando ciudadanos. Para ello, como dije hacia un inicio, debemos seguir pensando, como lo demuestra el espíritu y las motivaciones de nuestros estudiantes, que somos el Instituto Nacional y no el Liceo A-0. A partir de ese punto de vista, aparecen preguntas a las que esperamos respuestas: ¿Qué ocurre con el liderazgo directivo? ¿Cómo se está organizando el departamento de Orientación de nuestro colegio? ¿Qué pasa con la UTP? ¿Qué problema existe con las matemáticas en nuestro colegio y su metodología de enseñanza?, pregunta que se hace extensiva a todo el país.
El Instituto Nacional es lo que es gracias a su Comunidad, que cada día la va forjando, con mucho trabajo, y por ello, con muchas trabas y obstáculos. Trabas y obstáculos que han aparecido por el manejo de una dirección en la que algunos de sus integrantes no tienen una vocación de servicio publico, siendo parciales y subjetivos, faltando a la ética y a la moral.
Estamos llamados a ser distintos, a humanizar cada día este país, ha hacerlo un lugar mejor, a luchar por una mejor educación. Porque siempre que vean a un Institutano pidiendo un cambio, criticando algo, esa critica siempre será constructiva, buscando lo mejor para los demás, y nos buscando su propio bienestar.
Los Institutanos de verdad, esos que llevan la insignia marcada en el pecho, siempre serán parte de la solución y el dialogo y no de la demagogia ni de la soberbia.
Porque no nos importa lo material, si no la persona, siempre estaremos al servicio del país.
¡Viva Chile! ¡Viva la Educación Pública! ¡Viva el Instituto Nacional!... Muchas Gracias.
sábado 26 de diciembre de 2009
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